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La resiliencia comienza en la infancia, pero se sostiene en el sistema

Cuando hablamos de resiliencia, solemos pensar en la capacidad individual para salir adelante solos frente a la adversidad. Sin embargo, la experiencia de trabajo operativo en entornos de alta vulnerabilidad nos mostró algo distinto:

la resiliencia no es solo una cualidad personal, es un fenómeno profundamente sistémico.


En la primera infancia, niñez y adolescencia, las experiencias adversas dejan huellas profundas. No porque las personas sean frágiles, sino porque el sistema que las rodea muchas veces no logra protegerlas. Cuando estas experiencias no se atienden, no desaparecen: se acumulan y se transforman en patrones que se repiten en la vida adulta, en las comunidades y en la relación con el entorno.


De la atención directa a la comprensión sistémica


Tutores de Resiliencia® surgió acompañando directamente a niñas, niños y adolescentes en contextos de alta vulnerabilidad, en centros de asistencia, social en las comunidades rurales y en las periferias. Ahí vimos el valor inmenso de cada niña,niño, adolescente cuidador, pero también el límite de intervenir solo a nivel individual.


Con el tiempo, comprendimos que la resiliencia dañada en la infancia se manifiesta más adelante como crisis educativas, sociales, de salud mental y ambientales. No porque las personas fallen, sino porque el sistema no se transformó a tiempo.


Innovar socialmente es prevenir la repetición


La innovación social sistémica comienza cuando somos capaces de sostener dos miradas al mismo tiempo: ver el valor de lo que existe y transformar el sistema que lo invisibiliza o lo daña.


Desde esta comprensión, evolucionamos hacia el diseño de arquitectura de sistemas y ecosistemas de regeneración social, donde cuidar la infancia implica intervenir también en:


Las prácticas institucionales


Los modelos educativos


Las dinámicas comunitarias


La relación con el territorio y el planeta


La resiliencia como responsabilidad colectiva


La resiliencia no se construye solo con programas, ni se sostiene únicamente con voluntad individual. Se cultiva cuando el sistema completo —familias, instituciones, comunidades y entorno— se convierte en un espacio de cuidado.


Por eso, hoy entendemos la primera infancia no como un área más de trabajo, sino como el punto donde el sistema revela su urgencia de transformarse.


Cerrar el círculo


Cuando protegemos la resiliencia desde la infancia, prevenimos la repetición del daño.

Cuando rediseñamos el sistema que la rodea, abrimos la posibilidad de regeneración social.


Ese es el corazón de nuestro trabajo.







 
 
 

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